La muerte de un animal de compañía
Clr. Melina Amestoy
1/1/20223 min leer
Existen algunas creencias respecto al impacto psicoemocional que puede generar la muerte de un animal de compañía, que dificultan el proceso de duelo. Estas creencias producen comentarios inadecuados que suman sufrimiento en lugar de aliviarlo.
Antes que nada, una aclaración de términos: debido a las connotaciones cosificantes de la palabra mascota —que hace referencia a objetos que se poseen y no a seres vivos— me referiré a ellos como animales de compañía. La hermosura de la foto era Chancho, uno de mis compañeros de viaje.
La creencia más habitual: que este duelo no es un duelo real
La creencia más extendida, y quizás la más estigmatizante, es suponer que la muerte de un animal no merece el mismo reconocimiento que otras pérdidas. Varios estudios demuestran que la intensidad del duelo depende de la profundidad del vínculo y del rol que ese ser ocupaba en la vida de la persona, y no del tipo de animal ni de sus características. Minimizarlo no ayuda: reconocerlo y acompañarlo sí.
Nadie fuera de la persona que sufre puede determinar qué medida de dolor amerita ser atravesada. Cuando nos toca acompañar ese proceso, tanto desde lo profesional como desde lo humano, nuestro lugar no es el juicio sino el respeto por el dolor ajeno.
El peso del prejuicio sobre quien sufre
Esta creencia además contiene subcategorías igualmente equivocadas: clasificaciones que asocian el nivel de amor merecido al tamaño del animal, su especie, sus capacidades cognitivas. Una rata, un pez, un conejo pueden ser profundamente amados. Un corazón pequeño también puede ser amado.


"Un perro se entiende, ¿pero uno mas pequeño?"
¿Porqué no?. Un corazón pequeño también puede ser amado.
Y más allá de los motivos, un foco orientado a la ayuda, está en la persona con su sentir. No vamos a sus porqués, ni a nuestras opiniones, acompañamos su experiencia desde la empatía.
Varios estudios¹- han arrojado que el impacto emocional por la pérdida de un animal, depende de la fuerza del vínculo y del rol del animal en la vida de la persona, y no del tipo de animal o de sus características.
Cuando una persona percibe que su dolor no será tomado en serio, es probable que no busque contención en su entorno social ni ayuda profesional, y decida atravesar el duelo en soledad. Eso agrava el proceso en lugar de facilitarlo.
Otra consecuencia frecuente es que la persona no solo transita el dolor sola sino que enfrenta una presión social que le sugiere guardárselo. Los comentarios que minimizan el evento o lo comparan con otras pérdidas no son neutrales: tienen un efecto real sobre quien los recibe.
A veces esas miradas no vienen de afuera sino de la propia persona: no se permite sentir lo que siente, se culpa, se ridiculiza. En un intento por superarlo rápido o por convencerse de que su dolor es un error, termina añadiendo sufrimiento al sufrimiento.
El rol del acompañamiento profesional
Los mismos profesionales de la ayuda cometen a veces el error de conceder a este tipo de pérdida una categoría menor que a otros duelos. Recientemente se han publicado nuevas perspectivas para el abordaje de estos procesos específicamente orientadas a counselors y profesionales del acompañamiento, reconociendo su complejidad particular.
Un foco genuinamente orientado a la ayuda está en la persona y su experiencia. No en los porqués ni en las opiniones del acompañante. En sostener la experiencia del otro desde la empatía, sin jerarquizar su dolor desde afuera.
Si estás atravesando un duelo por tu compañero/a animal, te animo a comenzar un proceso de Counseling para transitar este momento.


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